¿Resulta adecuado el uso del término "Trastorno Bipolar"?
Dr. Alvaro Jerez
Las enfermedades del espectro de la bipolaridad son enfermedades muy frecuentes, mucho más del 1 a 5% que suele señalar la literatura, y constituyen un grupo de enfermedades de las que, a pesar de ser tan antiguas como la misma humanidad, las personas afectadas y muchos de los profesionales que las tratan, en general, tienen un conocimiento muy limitado y bastante confuso referente a ellas.
El conocimiento limitado por parte de los profesionales de la salud mental que tratan a estas personas lleva a graves errores en el diagnóstico y a tratamientos inadecuados que repercuten negativamente en el curso de la enfermedad, y que invariablemente traen consecuencias devastadoras para el paciente.
Mientras tanto, el conocimiento limitado que de estas enfermedades tienen las personas afectadas lleva a un pobre apego al tratamiento, a errores en la forma de llevar su enfermedad, a resistencia a seguir las instrucciones de su médico tratante; y todo esto se traduce, de igual manera, en un impacto negativo sobre el curso de la enfermedad.
Pero, ...¿De dónde viene tanta confusión?
Hay varios factores que determinan esta confusión:
- Históricamente ha habido una serie de hechos que han determinado que la enfermedad sea confundida, por un lado con la esquizofrenia, y por el otro, con la depresión unipolar.
- Otro grupo de factores han incidido en que se haga un mal uso del término, a veces aplicándolo de forma inapropiada a condiciones que no tienen nada que ver con la bipolaridad, y otras veces ignorando la existencia de este problema.
- Holliwood, con sus millonarias producciones cinematográficas también ha ayudado a que se forme una idea equivocada de lo que éstas enfermedades son en realidad, y a la forma de tratarlas.
- Internet también ha hecho lo suyo, aunque ha ayudado a generar más consciencia sobre la importancia de estas enfermedades, está inundada de blogs con información muchas veces equivocada, tendenciosa y parcializada que genera más confusión en las personas que tratan de saciar su curiosidad, buscando una respuesta que muchas veces nos aleja más de la ansiada ilustración que nos clarifique las cosas.
- La presión propagandística de la industria farmacéutica (que no tiene nada que ver con el esfuerzo invertido en la investigación científica de nuevas moléculas, sino que se limita a los aspectos del mercadeo de las mismas) también ha hecho su parte, llevando a la prescripción de tratamientos equivocados, que deterioran el curso de la enfermedad.
- la idea tan generalizada de que las enfermedades psiquiátricas no son enfermedades "reales", sino que se asientan sobre una base conflictiva o traumática, etc...
- Los manuales de clasificación y diagnóstico, aunque han ayudado a la clasificación de estas enfermedades, también han generado confusión y conducido a graves errores diagnósticos, al excluir de los criterios de diagnóstico aspectos claves para el mismo, como lo son la historia familiar; y al reducir de forma categorial la conceptualización de estas enfermedades, cuya única forma de entenderlas es desde una perspectiva dimensional.
- Los tabúes que aún llevan a relacionar a la psiquiatría con la "locura", que lleva a los afectados a rechazar la idea de tener un problema psiquiátrico, porque ellos "no están locos".
- Por último, el uso de terminos inapropiados para adjetivizar a estas alteraciones y la limitación conceptual de sus difiniciones.
Es a este último punto al que voy a referirme con más detalle en esta oportunidad.
Este material proviene del capítulo I del libro:"Los Trastornos Bipolares ...Todo lo que Usted necesita saber sobre las enfermedades del espectro bipolar para vivir una vida plena", publicado por este servidor con el apoyo económico de CITACA Editores.
Dicho lo anterior, entremos en materia:
En primer lugar considero que el uso del término "trastorno" aplicado a los problemas psiquiátricos, genera muchos problemas, aunque descriptivamente sea adecuado, pues puede aplicarse a cualquier condición que rompe el orden fisiológico normal. Desde esta perspectiva, el catarro común es un trastorno, la hipertensión arterial, el asma, la diabetes, el cancer, la más simple infección vaginal, un simple golpe también genera un trastorno que produce una respuesta inflamatoria que altera ese orden fisiológico.
Sin embargo, el mismo término utilizado en psiquiatría adquiere, en gran medida por los aspectos señalados al principio, una connotación peyorativa que lleva al "etiquetado" con dicho termino al rechazo, casi se convierte en sinónimo de "trastornado" utilizado con la misma connotación peyorativa.
¿Por qué no se puede descartar, como en otras especialidades de la medicina, el uso del término en cuestión?
El endocrinologo no le dice a sus pecientes "Usted tiene un trastorno metabólico, o diabético"... En los libros es Diabetes, a secas, genera menos confusión y menos rechazo.
De igual manera, el traumatólogo no dice "Usted tiene un trastorno inflamatorio..." Es una inflamación producida por el golpe que te diste en la rodilla que con un poco de hielo local y reposo se va a pasar...
No se trata de minimizar la importancia de nuestros diagnósticos, pero no creo que perdamos nada los psiquiatras diciendo a nuestros pacientes: "Usted tiene pérdida del control emocional", o si lo preferimos "lo que usted tiene es bipolaridad", es lo mismo pero seguramente nuestros pacientes no se sentirían tan avasallados por ese diagnóstico.
Eso nos lleva a otro punto ¿En realidad es bipolar este problema?
En primer lugar considero, como muchos otros, que el término bipolar resulta restrictivo y genera confusión.
Cuando interpretamos el término “bipolar” inmediata e inevitablemente vienen a nuestra mente categorías antagónicas o al menos ubicadas a los extremos.
Y es precisamente aquí donde empieza la confusión con estas enfermedades: estamos acostumbrados a conceptualizarles como categorías antagónicas, con límites bien definidos, cuando en realidad los límites entre ellas no son claros e incluso a veces tienden a ser confusos.
Veamos un ejemplo de ello en la figura 1 que nos muestra diferentes categorías ubicadas a los extremos, aunque no necesariamente en contraposición.

Es cierto el hecho que muchas de las decisiones cotidianas que determinan nuestras acciones, se toman desde una perspectiva binaria (podría decirse, bipolar).
…Nuestra jornada diaria está determinada en su mayor parte por decisiones ubicadas a los extremos SI o NO, (en lenguaje binario 1 ó 0) es en función de esa escogencia que se va a definir el curso de nuestras acciones.
Suena el despertador: ¿me levanto, o no?... ¿me baño, o no?... ¿me pongo esta camisa, o no?… ¿desayuno, o no?... ¿salgo, o no?
Veámoslo de forma esquemática:

De igual manera, el concepto de “bipolaridad” tal y como se entiende en la actualidad, es categórico y absoluto (SI o NO), no admite puntos intermedios o intensidades; es blanco o negro, no hay tonos grises.
Utilizando el ejemplo de la figura 1, en la práctica uno puede comprobar que no todo en la vida es absoluto, sino que hay valores relativos, es decir, hay intensidades o tonalidades, por ejemplo podemos decir que “fulano” es bueno, sí, pero también podemos establecer una relación más allá de la categoría. Igual si quiero ir al Norte, puedo establecer qué tan al Norte quiero llegar, o afirmar qué tan negro es esto o aquello y en relación a qué.
Aceptar que las enfermedades del estado de ánimo se expresan de forma bipolar implica que las personas afectadas o bien pueden estar eufóricas o pueden en cambio estar tristes, no hay otras opciones (no hay tonos grises; o lo uno o lo otro)
Sin embargo, cuando entramos al terreno de las emociones nos damos cuenta que la situación ahí resulta mucho más compleja.
Primero debemos reconocer que el afecto no se restringe a dos emociones (o polos): alegría-tristeza.
• Yo estuve alegre ayer, pero hoy estoy feliz.
• Me siento triste, pero nunca me he sentido tan triste como cuando…
Son las mismas emociones, pero con intensidades diferentes.
En la siguiente ilustración (figura 3) podemos apreciar algunas de las emociones que bajo determinadas circunstancias o dependiendo de los estímulos que se reciban en un momento dado pueden presentarse en nuestra vida diaria y orientar nuestras acciones en un sentido específico; de hecho algunas de ellas parecen contradictorias pero, si se dan las condiciones (de forma normal o patológica) podrían presentarse juntas en un mismo momento.

Veamos un ejemplo ya en el terreno práctico de las enfermedades afectivas:
Cuando una persona afectada de alguna de las enfermedades del espectro bipolar presenta una crisis, supongamos que ésta se deprime, no sólo va a experimentar tristeza, sino que en algunos episodios puede experimentar todo un cúmulo de emociones mezcladas: en tales casos, la persona deprimida podría experimentar tristeza, ansiedad, miedo, cólera, e incluso euforia (todas presentándose simultáneamente en un mismo episodio e incluso en un mismo momento).
En muchos casos de manía (al menos lo que yo he observado en nuestro medio, a lo largo de varios años de experiencia en la práctica clínica) la emoción predominante no es euforia, sino cólera, las personas no están felices, si no que están enojadas.
Desde hace algunos años ha comenzado a aceptarse el rol de la cólera en las manifestaciones de las enfer-medades del estado de ánimo, y desde hace menos tiempo se acepta la coexistencia de emociones antagónicas en un mismo episodio, que es lo que se conoce como episodios mixtos . Sin embargo, en el caso de la cólera, por ejemplo, los sistemas de clasificación actuales requieren de la presencia de síntomas adici¬nales para que el episodio pueda categorizarse como maníaco, es como si en el contexto de los trastornos afectivos esta emoción fuera menos importante que la euforia... ¿en base a qué?
De cualquier forma, lo que me interesa recalcar es que no sólo en los episodios mixtos al menos los que pueden considerarse como tales utilizando los criterios de diagnóstico actuales vamos a encontrar mezclas de emociones.
Por ello no es apropiado el uso de términos que reduzcan la amplitud y la riqueza sintomática para referirnos a estas enfermedades. No obstante, es lo que universalmente se acepta, así que dejo al criterio del lector la conclusión definitiva de este asunto.