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El Niño Hiperactivo


EL NIÑO HIPERACTIVO

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Sin lugar a dudas quizá una de las mayores causas de preocupación en los padres se origina en la conducta de los hijos y en su capacidad de poner o conservar la atención.

En nuestro medio, es cada vez más frecuente, en casi todo tipo de familias, que los hijos lleguen a casa con una nota de la maestra diciendo: "SE PORTO MAL EN CLASE", o "NO PONE ATENCIÓN EN CLASE". Si bien es cierto en algunas situaciones esto es un argumento pletórico de validez y cien por ciento justificado, en muchas otras (quizas la mayoría de ellas) es sólo el reflejo de la incapacidad del maestro para mantener el orden, la atención y el interés de los niños en su clase, hay muchos maestros que prefieren a los niños "zombies" que no se mueven de su escritorio, que no bromean ni levantan la voz, no hacen una travesura y un muy largo etcétera. Vale aclarar en este punto que en la vida rea y cotidiana, los niños sanos son inquietos, traviesos, etc, pues estan descubriendo un nuevo mundo y rebozan de energían para ello. Los niños "zombies" no necesariamente son niños sanos.

Es necesario, antes de continuar, dejar claro otro punto: Asumiendo que en realidad estamos tratando con un casi de hiperactividad, si bien es cierto que una posible causa que explique este tipo de comportamiento es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, eso no implica que todos los niños con dificultad para poner atención sean hiperactivos, de igual manera también es válido afirmar que no todos los niños hiperactivos tienen déficit de atención.

Existen muchas razones por las cuales los niños pueden ser, estar o volverse hiperactivos, dentro de estas destacan las siguientes: (a) los trastornos de ansiedad; (b) trastornos afectivos (depresión, trastorno bipolar, etc.); (c) trastorno por déficit de atención e hiperactividad; y (d) reacciones secundarias o de toxicidad a determinados fármacos.

En realidad, todos los trastornos enumerados arriba pueden hacer que el niño se comporte de forma inapropiada. Los niños ansiosos, por ejemplo, pueden lucir inquietos, intranquilos, incluso desesperados, muchas veces el niño no sabe por qué se siente o actúa de esta manera; y en no pocas oportunidades reciben a cambio agresión o incomprensión de parte de sus padres y maestros, lo cual puede hacer que aumente sus niveles de ansiedad, y por ende su intranquilidad, conduciendo esto a una especie de círculo vicioso.

La depresión, que en el anciano puede confundirse con la demencia, en el adulto se puede manifestar con marcada inhibición y apatía o con predominio de ansiedad y desesperación; en el adolescente puede adoptar un aspecto de rebeldía, intolerancia y tendencia a las búsqueda de estímulos externos (drogas, alcohol, etc...). Pero en el niño muchas veces puede expresarse en forma de hiperactividad, dificultad para concentrarse y fracaso escolar.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad se caracteriza por la existencia de dos aspectos esenciales: por un lado se encuentra el déficit de la atención, estos niños son incapaces de mantener la atención, muestran incapacidad para concentrarse y para prestar atención en clase. Y por el otro lado se encuentra la hiperactividad, es precisamente la conjunción de estos dos componentes lo que hace de estos niños, literalmente, la pesadilla de los maestros, pues en realidad resultan incontrolables y convierten la clase en un pandemonio. Generalmente tanto padres como maestros saben que algo anda mal pero, generalmente no tienen muy claro qué es.

Por último, existen en el mercado gran cantidad de farmacos para diferentes dolencias, merece destacar aquí el papel de los beta bloqueadores (medicamentos comúnmente utilizados como broncodilatadores) que ejercen un efecto excitante en el niño. Estos compuestos no solo aumentan el diámetro de los bronquios sino que tienen un efecto directo sobre la frecuencia de contracción del corazón, los niños están inquietos e irritables.

En general existen una gran cantidad de causas por las cuales un niño puede actuar de forma hiperactiva, por ello antes de medicar a un niño con psicofármacos, debe ser evaluado por un psiquiatra para que en base al diagnóstico adecuado se le proporcione el tratamiento oportuno.